Miami
Estados Unidos
Año IX

 Nº 51/52

Escríbanos    

 

Publicada por Ediciones Baquiana

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Consejo de Redacción

Dr. Humberto López Cruz

Universidad Central de la Florida en Orlando

 

Dr. René C. Izquierdo

Miami Dade College Recinto de Kendall

 

Profesora Myra Medina

Miami Dade College

Recinto Norte

 

Dr. Gerardo Piña Rosales

Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Universidad de Columbia

Nueva York

 

Dra. Alicia E. Vadillo

Universidad Estatal de Nueva York en Oswego

 

Dra. Lidia Versón

Universidad de

Puerto Rico

 Recinto de Río Piedras

 

Asesor Técnico

Luis H. Beltrán

 

Asesor de Arte

Carlos Quevedo

 

Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias


 


 

 

 

DETALLES EN LA NOVELÍSTICA DE

TERESA DOVALPAGE

 

 por

 

Ena Columbié

 

 

 


                                             Los detalles constituirán de ahora en adelante

el único mérito del género novelesco.

                                                                                 Balzac

 

 

     La novela dentro de la narrativa, es la representante de la libertad literaria. Más extensa que el cuento admite y asimila en ella, todo lo que el escritor decide introducirle en el orgásmico acto de la penetración de recursos; siempre y cuando esté escrita en prosa y en su trama se deslicen personajes que signifiquen o nos digan algo. De ahí la novela puede llenarse de diálogos, dramas, acción, descripciones, situaciones cómicas y/o tristes, fragmentos líricos, narraciones históricas, psicológicas, de amor, y un largo etcétera.

 

     Teresa Dovalpage parece conocer bien estas posibilidades del subgénero, ya que en sus novelas escritas en español —Posesas de La Habana (2004) y Muerte de un murciano en La Habana (2006) —hay mucho, incluyendo pequeñas rupturas de la narración prosaica (en todas sus acepciones literarias) para colar algunos versos. Pero lo que hace diferente estas novelas no es el todo en sí, sino los detalles, esos que el lector cubano irá descubriendo, y surtirán el efecto de latigazos para exorcizar el pasado (o el presente según el caso geográfico), y el neófito en el tema comenzará a ver la luz.

 

     Las novelas de Dovalpage son sobre una sociedad en constante deterioro  —que es la protagonista estrella— y personas sin futuro, confinadas a vivir en un espacio que va cerrándose, y que antes estuvo en otro ya cerrado, que repitió la historia de uno anterior. Círculos concéntricos que en vez de expandirse, se contraen.

 

       Sandrafé se puso fatal, la pobre. Unos policías la pararon

         para pedirle identificación y como ella es de Las Tunas y no

         tenía permiso para estar en La Habana, la devolvieron para

         su provincia. Así que me he quedado sin nadie que me dé

         una mano para salir de las negritas. Yo soy Técnico medio

         en Protección e Higiene del Trabajo, pero... (1)

 

     Cuba es una isla que tiene el mar como frontera a los sueños y a la libertad. El régimen totalitario que los desgobierna, realiza una serie de transgresiones de las normas jurídicas y éticas que mantiene al país en una crisis constante. Entre ellas, no sólo no les permite a sus ciudadanos viajar cuando les place a cualquier lugar del mundo —como lo exigen las leyes generales del carácter universal, que posee el hombre como ente social independiente, de tomar dediciones sobre su persona— sino que tampoco lo pueden hacer dentro de su propio país. Para viajar a La Habana, los guajiros, “palestinos” o “personas del interior”—como nos llaman a los que no somos habaneros, y sobre todo a los orientales— tienen que sacar un salvoconducto (relativo al medioevo) por la cantidad de tiempo que vaya a la capital, y siempre con una razón fundamentada. En el caso que el salvoconducto expire, o no sea solicitado, la persona es “deportada” hacia su provincia original.

 

     Debido a todo esto, uno de los objetivos fundamentales de la escritora, es ofrecer una descripción real de esa sociedad cubana en los últimos años. Para ello ha sido una observadora aguda y analítica, cualidades necesarias cuando se pretende reproducir la realidad. Dovalpage ha estado pendiente de los móviles prácticos del comportamiento cubano, los ha vivido, por eso sus narraciones son creíbles. Tal vez sus novelas no ocupen nunca un lugar prioritario en el gusto y la popularidad general debido a la especificidad del medio en que se desarrollan, o porque sin pertenecer por entero al realismo sucio —del que es soberano Pedro Juan Gutiérrez con un gran público lector, sobre todo en Europa— son las de la narradora, novelas oscuras, cochinas, llenas de sombras y realidad; crudas representantes del dolor del pueblo, de la miseria de sus barrios, del país que ya no tiene un destino inamovible, sino de constante descomposición y deterioro, que como un viaje a la semilla va en picada hacia la extinción de su especie. Pero también son novelas dotadas de cualidades excepcionales: sus descripciones son minuciosas, y cuando no narra, es porque no hay más que decir, sólo queda el hueco vacío de la nada que caracteriza a la nueva sociedad cubana. Describe retratos reales de casas, habitaciones, calles, comportamientos generales y sobre todo personajes...

 

        Vio una máquina de coser Singer, fabricada justo al acabarse la

         segunda guerra mundial. Vio un sillón desfondado

         sobreviviente del ciclón del año veintiséis, del Flora, del

         Federico, del huracán Irene y de todas las perturbaciones

         atmosféricas que han tenido a bien pasar por aquella islita

         desde el mil novecientos veinte hasta el dos mil uno. Vio una

         pared descarnada en la que el tiempo y churre, a cuatro

         manos, había trazado una triste abstracción en gris y blanco.

         Vio a una mujer de cincuenta y seis años que parecía ya

         entrada en los setenta, con bolsas fláccidas y pellejudas donde

         antes estuvieran muslos peludos, nalgas prominentes y

         cachetes carnosos. Vio a una mujer enfurecida porque por la

         demora de la hija había perdido el pan, único pan de cada día.

         Vio. (2)

      

     A Teresa Dovalpage le gusta la clase baja, esa que desprende olor a rancio. Sus personajes nunca esconden nada, ni los más profundamente sucios pensamientos los oculta, tampoco son héroes, su única heroicidad radica en la lucha constante entre la civilización y la barbarie planteada hace años por Rómulo Gallegos, y a la que la lucha por la subsistencia, le roba cada vez más terreno, quedándoles únicamente la barbarie. Nos describe sus personajes con pequeños pero profundos detalles que los hacen más creíbles, más humanos.

 

       Abuelonga tose. El humo que se escapa de su nariz le

         envuelve compasivo el rostro ajado en un velo gris. La

         barbilla le tiembla como si fuera gelatina y los pelitos del

         bigote se le [sic] mueven asustados. Toda su cara se

         estremece, incluso la cicatriz antigua que se le enrosca

         alrededor del ojo izquierdo. Es un costurón del tamaño de

         mi dedo anular que se destaca entre las arrugas como la

         carretera central en un mapa de Cuba. (3)

 

     Y no sólo son creíbles, son reales y se repiten, porque en Cuba, el pueblo se repite de una manera asombrosa, actúan como marionetas fabricadas al por mayor. Podemos encontrar entonces a uno de esos personajes —con características casi idénticas—  en sus dos  novelas, sin ser el mismo: La Beiya de Posesas... habla en versos y sueña con volar; lo mismo le sucede a la Maricari de Muerte de un murciano...  Y ambas logran volar, como único recurso encontrado para evadirse de ese medio que las sofoca hasta el ahogo.  Existe la mimesis en sus personajes, —porque existe la mimesis real en aquel país, ¡y a gran escala!— muchos son personas tristes, con hogares derruidos, alcohólicos, drogadictos, jineteras, gente amarga, sucia, deprimida, abusadores sexuales, pornógrafos prácticos, llenos de miedos y deseos. Personas que han perdido los más elementales valores humanos y morales, sin percatarse siquiera el peligro que esto acarrea. Tengamos en cuenta que uno de los factores que influyó en la caída del Imperio Romano en la civilización antigua, fue precisamente la pérdida descarnada de los valores. Tal vez las novelas de Dovalpage no sean grandes obras de arte, pero les aseguro que están haciendo historia, describiendo el quehacer duro del cubano en estos años negros, que ya suman 50. Desfilan por sus novelas el desastre económico, y el deterioro generalizado, las escalas sociales, la mendicidad provocadora de vicios, promiscuidad y violencia, las frustraciones, el sistema de desgobierno abrazado al fraude, la malversación y otros pecados sociales; todas realidades que necesitan ser dichas. Historias que quedarán para que el futuro no repita los errores que llevaron al pueblo a la destrucción, porque ellas, se generan desde la miseria de sus personajes, de su pueblo.

 

       Bienaventurados los que tienen unos cuantos fulas sobrantes

         para gastar en baratijas. Esos, y también muchos que no tienen

         pero sueñan con tenerlos, suben despacio por la rampa que

         lleva a la tienda de Todo Dólar, aspirando con respeto

         reverencial el aire oloroso a las pizzas hawaianas, de jamón y

         piña, que venden en los bajos...

         Aún más bienaventurados los que reciben remesas

         esporádicas de parientes de afuera o tienen negocitos más o

         menos ilegales (tratos con extranjeros, pequeño paladar)

         dentro del territorio nacional. Ésos corren a la tienda de ropa.

         Allí se enfundan en Levi’s —auténticos algunos, los otros

         made in Guanabacoa. Se pertrechan de zapatos plásticos

         italianos, de blusas taiwanesas y de lycras deportivas, tan

         ajustadas que se incrustan hasta en las entretelas de la piel.

         Requetebienaventurados los que tienen entrada fija en dólares,

         ya les venga de acá (empleados de hoteles o de corporaciones,

         jerarcas, el alto mando militar...) o de acullá (La Yuma, Europa,

         ah...) Son los superfelices, los que se dan el lujo de un televisor

         a colores, de un refrigerador flamante o de un aparato de video.

         Pero los que pertenecen a esta categoría suelen desdeñar la

         Plaza de Carlos III por vulgarota y barriotera. Prefieren las

         tiendas de Miramar, Quinta y 42 y, sobre todo, La Maison. (4)

 

     Esto lo dice el narrador omnisciente, que junto a todos los personajes —que también son narradores protagonistas y secundarios —van dando opiniones sobre el “caso cubano”. Este narrador conoce y aporta datos porque todo lo sabe, también es la conciencia analítica que va poniendo en claro al lector de la verdadera realidad; ese es otro de los detalles virtuosos de éstos libros, porque por mucho que nos desgastemos en explicar al resto del mundo lo que sucede en Cuba, siempre terminan sin entenderlo; solo viviéndolo, como lo vive la verdadera población prisionera y explotada, se puede llegar a un conocimiento raigal de la situación. Por ello, siempre que el narrador omnisciente tiene oportunidad, sopla en el cerebro del lector  desconocedor, para que los espacios de sombra se aclaren:

 

       Afuera lo esperaban no uno, sino dos subgerentes. Porque en

         Cuba, cuando hay que ir a buscar a alguien al aeropuerto, todo el

         mundo se apunta. Incluso van los que no tienen necesidades

         apremiantes, como es el caso de quienes trabajan para

         corporaciones extranjeras y cobran siquiera una migaja en

         dólares. (5)

                           

     El mismo virtuosismo se puede constatar en la utilización de la narración colectiva, una de las renovaciones novelísticas de mediados del siglo XX, y que Dovalpage utiliza brillantemente al final de Muerte de un murciano en La Habana cuando pone la narración del mismo hecho —la muerte del murciano—  en boca de varios personajes. Así el lector obtiene una visión diferente de la historia, tan diferente como risible, que nos coloca en alerta sobre la veracidad de la narración oral.

 

     Otro detalle que no pasa inadvertido para un lector acucioso, es el estilo. Y no hablo del perfecto manejo del lenguaje, sobre todo del lenguaje vulgar, y/o popular cubano y sus frecuentes dicharachos; ni de la genial introducción culterana en el habla popular —que de hecho también es un rasgo característico de ese pueblo—; ni de la utilización del mito, la imaginería, y la realidad como fuentes para ir al fondo de las cosas. Hablo del que considero el más sorprendente y preciso de los detalles de sus novelas, que se convierte en un acierto tal que a veces, cuando pasa largo rato sin aparecer, el lector comienza a necesitarlo. Es para mí el elemento más personal en la obra literaria de Teresa Dovalpage, su As: el uso magistral y perfecto de la oración unimembre (a veces también llamado predicado directo).

 

     Este recurso, considerado laxo por la mayoría de los escritores debido a una supuesta dependencia del contexto y limitaciones morfológicas, se convierte en un arma de impacto en la pluma de Teresa:

  

       — ¿Cómo te va con los chamacos esos que toreas en la

         Secundaria? — me pregunta Erny de pronto. No sé si lo hace

         por joder o por legítimo interés en la aperreada vida de su

         hermana mayor, pero no tengo ganas de contarle.

         —Ahí. (6)

                              

     En esa respuesta simple, bisílaba: Ahí, va encerrada toda la carga de frustración de Elsa, de muchas Elsa que responden de igual forma a lo largo y ancho de la Isla.

 

         Ya, Elsa. Desmaya el tema. Desmáyalo, por Dios. Que te va a

         volver la migraña mala y te vas a morir de un infarto, o te vas a

         quedar jodida como tu abuelo. Ya. (7)

 

         Mal marido. Y si me botan de la facultad, que me boten. Mal

         maestro. Pero tú también vas a salir de allí como un volador de a

         peso. Mal hombre. Hasta del partido te botan del tiro. Traidor. (8)

 

         Y si paría un monstruo con dos cabezas. A la media hora se

         aparecieron mi madre y Catalina. Cuando las vi entrar en la sala

         por poco me desmayo. Y si me botaban de la casa. Ay. (9)

 

         Lo único que no me gusta del balcón es que el muro está

         demasiado bajo y la marimacho de mi hija a cada rato trata de

         subirse en él. A ver si se cae y se revienta. Bueno. (10)

 

         Tiene razón Elsa. Mi hija es un ave de mal agüero. Y una

         acaparadora. Y una ladrona. . (11)

 

     Todos los ejemplos anteriores son de Posesas... Ahora veamos otros de Muerte de un murciano...

 

         Ojalá hubiera sido una jinetera, pienso ahora. Porque ésas roban

         una billetera si a mano viene. O te levantan veinte fulas, o te

         pegan una venérea, pero no matan a un cristiano sin motivo de

         un bandejazo en la cocorotina. Ah. (12)

 

         Como no te espabiles y busques la manera de salir de este  país,

         igual que hizo Yamila Yané, aquí nos vamos a podrir las dos.

         ¿Oíste?. (13)

 

         ¿Por qué los mozos cubanos nunca darán recibo? Quién sabe si

         los cajeros se quedan con la mitad de lo recaudado. No me

         sorprendería... ¡Bandidos! (14)

 

         La he llevado a lugares inaccesibles para la mayoría de los

         cubanos, la he vestido y calzado, la estoy haciendo entrar en

         sociedad. Incluso se la presenté al embajador. Y ella estaba tan

         emocionada que no lo pudo ni a derechas saludar.

         Pobrecita. (15)

 

     Basta una palabra, una oración unimembre en el contexto que describe la narradora, para que se nos revele la forma de pensar de los personajes —ya sean cubanos o extranjeros— sus más profundos sentimientos. Son muchos los ejemplos, los hay de diferentes tipos: interjecciones, admirativas, vocativos, interrogativas... que funcionan como descargas eléctricas que activan el pensamiento; pero ninguna como la onomatopéyica akinkó. Esta palabra inventada y usada por la escritora como recurso fonético por el personaje de Beiya, funciona como palabra mágica, se convierte en la última parte de Posesas... en un leitmotiv, que va impregnando fuerza al discurso de una escena. Acentuándolo...

 

       ...déjenme abusadores/ suéltenme o llamo a mi papá/ akinkó/

         yo no tengo ningún dinero/ yo no sé nada de billetes de a cien/

         pregúntenle a mima barbarita/ pregúntenle a la abuelonga/

         pregúntenle a mi mami/ yo no sé/ akinkó/

         rómpele el alma/

         zorrita de mierda/

         aprieta más ahí/    

         está debajo/ debajo del colchón/ de mi cama akinkó/

         anexionista apátridas liberen a elián/  liberen a elián / liberen a

         elían/

         akinkó

         //////////////////////////////////////////////// (16)

 

    ...hasta convertirse en un mazazo en nuestras mentes. Sin lugar a dudas, golpe bajo e intencional que nos asesta la autora.

 

     Muchos son los detalles que sorprenden en las novelas de Teresa Dovalpage, todos de gran valor a la hora de contar puntos para la historia. Pero el de la utilización de la oración unimembre con talante contundente, engalana la literatura de autora, que a su vez, recupera para el adusto mundo de la novela contemporánea de los últimos tiempos, y de la novelística del realismo y realismo sucio en particular, un recurso que puede resultar como en este caso, elegante y útil.

 

 

NOTAS Y OBRAS CITADAS:

 

(1) DOVALPAGE, Teresa. Muerte de un murciano en La Habana. Barcelona: Editorial Anagrama, 2006, pág. 18.

 

(2)  Ibíd. p. 34.

 

(3) DOVALPAGE, Teresa. Posesas de La Habana. Los Ángeles: Pureplay Press, 2004, pág. 16.

 

(4)   Muerte..., p. 69.  

 

(5)  Ibíd. p.10.

 

(6)  Posesas..., p. 27.

 

(7)  Ibíd. p. 31.

 

(8)  Ibíd. p. 46.

 

(9)  Ibíd. p. 50.

 

(10) Ibíd. p. 53.

 

(11) Ibíd. p. 71.

 

(12) Muerte..., p. 28.

 

(13) Ibíd. p. 35.

 

(14) Ibíd. p. 43.

 

(15) Ibíd. p.  52.

 

(16) Posesas..., p. 201.

 


Ena Columbié nació en Guantánamo, Cuba (1957). Poeta, crítica literaria, investigadora y narradora. Es Licenciada en Filología por la Universidad de Oriente en Santiago de Cuba. Ha obtenido numerosos premios en crítica literaria y artística, cuento y poesía. Ha publicado los libros: Dos cuentos (Narrativa, 1987), El Exégeta (Crítica literaria, 1995), Ripios y Epigramas (Poesía, 2001), Ripios (Poesía, 2006). Su obra también aparece en las antologías poéticas: Lenguas recurrentes (1982), Lauros (1989) y Epigramas (1994). La mayoría de su producción literaria está dispersa en revistas y periódicos de Cuba, Estados Unidos, España, Francia, México, y en Internet. Tiene inéditos dos poemarios, un libro de relatos, un libro de ensayos en torno a la literatura cubana y dos novelas: Confesiones de un idiota y Altagracia Granda. Dirige junto a Germán Guerra, la editorial, Ediciones EntreRíos. Reside en California.