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Dentro en la tradición costumbrista y realista de mediados del siglo
XIX, la primera novela de Carmela Eulate Sanjurjo, La muñeca
(1894), revela el perfil de la sociedad mediante la duplicidad de la
voz femenina -- voz poco escuchada -- dentro del canon de la
literatura puertorriqueña de fin de siglo. El discurso que moldea el
carácter de Rosario, la protagonista, se mueve dentro del espacio
tradicionalmente doméstico. Se efectúa una sutil crítica del entorno
social junto al tema de la duplicidad de este personaje que logra
hacer cuestionar el convencionalismo del papel de la mujer en el
contexto literario de la isla durante este período. Dentro de este
estudio sobre la duplicidad aparece la sociedad tipificada realzando
la posibilidad de estudiar una polémica ideológica narrativa que
caracteriza la situación socio-política de Puerto Rico durante los
últimos años del colonialismo.
La novela comienza
con la boda de Rosario, cuyo apellido no se revela, y Julián Lasaleta.[1]
A raíz del enlace, la vida de aquélla se convierte en el juego
materialista y vanidoso de la siempre mimada esposa que goza de una
cantidad exagerada de objetos materiales. La incapacidad por parte de
Lasaleta de disuadir o suavizar las manipulaciones de Rosario culmina
con el suicidio de él y permite la continuada actitud de Rosario de
preocuparse sólo por la belleza estética de su apariencia física, sin
poder reconocer su ignorancia perpetua que le prohíbe desentrañar la
miopía moral y materialista. Según asevera Luis A. Jiménez sobre el
personaje femenino finisecular, “[d]entro de los moldes patriarcales
de esta época, la mujer aparece en condición subalterna y subordinada
al poder que el hombre ha mantenido a través de la historia. De ahí
que los personajes femeninos del pasado siglo, en general, se
presentan como maternales, sumisos y silenciados cultural y
políticamente” (181).[2]
Dentro de este marco, Rosario entra en una condición doblemente
subalterna por rechazar la maternidad.
En La
muñeca se ve el desasosiego inherente que experimentan los
partidos políticos en Puerto Rico durante la última década del siglo
XIX en particular.[3]
Los sucesos políticos entran directamente en el argumento de esta
novela por medio del personaje-víctima, Julián, abogado y funcionario
político liberal de su provincia. Aunque el tema de la política es
secundario al de la frivolidad y la coquetería de Rosario, sirve de
refugio para Lasaleta (Aguirre 32) tras reconocer la futilidad de
salvar su matrimonio.[4]
Elena Grau-Lleveria expone el dualismo implicado en el encierro de
Lasaleta en su estudio como inversión del papel tradicional del hombre
que opera en el espacio exterior de la casa (82-83). Por extensión, la
movilidad restringida a un espacio físico limitado sugiere la
sinécdoque por la vida en la Isla. Al sucumbir Lasaleta a los
caprichos de su esposa, sus contribuciones al partido se quedan en la
nada, representativo de la percepción de la autora sobre el
descontento provocado por el período colonial en su isla natal. De
esta forma, el icono de la mujer en su papel de ‘madre patria’ se
muestra invencible, capaz de acabar con la vida, revelando a través de
la voluntad de Rosario que debilita el espíritu de Lasaleta, hasta
llevarlo al extremo del suicidio.
La
identificación de Rosario como española subvierte el lugar de origen
del conflicto. Bajo el pretexto falso del trasfondo simulado, la
escritora isleña evita el retrato de la mujer puertorriqueña y opta
por presentar la figura del país ajeno. Así implica la ampliación del
marco geográfico para entonces abarcar uno ideológico: la visión de
Eulate Sanjurjo sobre la realidad política. Desde el momento literario
que entra en la narración Rosario, muñeca no tan frágil ni delicada
como el título sugeriría, se percata el tono satírico de la novela.
Las premisas de la narración no encuadran con los conceptos típicos
del siglo XIX que proyectan a la mujer como ángel del hogar en el
espacio doméstico. Al contrario, la protagonista se sale de los
moldes de dicha asociación con la insistencia en el materialismo y es
su esposo el que queda reducido al personaje sin voz que prefiere
morir ante confrontar a la esposa de diez años con un plan de reducir
sus gastos. Según Manuel Zeno Gandía, prologuista de la primera
edición de La muñeca, Rosario es “el verdugo [que] queda por el
mundo tal vez para vivir idiota sin darse cuenta del dolor causado del
crimen cometido” (117). Para Ana Morales Zeno, “Eulate no trabaja
directamente con una figura positiva o idealizada, al contrario, sus
personajes son anti-heroínas, son copias deformes y defectuosas”
(64). Por eso la escritora “no libera a sus protagonistas del juego
de muñecas” (Morales Zeno 67). Ni Julián ni Rosario pasan por una
transformación que señale una resolución concreta de la situación –
Julián se quita la vida y rompe con la posibilidad de
responsabilizarse de pagar sus deudas ni de crear un plan financiero;
por otro lado Rosario continúa el mismo tren de vida. La dependencia
de Rosario de su cuñado al momento de arreglar los asuntos de su
esposo muestra la imposibilidad de la protagonista de alterar su
manera de vivir, comportamiento instigado por no saber reconocer el
verdadero motivo del suicidio de Julián.
En esta
novela, resuena el retrato de la mujer tipificada por Cecilia Böhl de
Faber, cuya novela La gaviota (1849), según Catherine Davies,
marca la incursión de la tendencia realista en la literatura española,
que no puede ser independiente y a la vez feliz y respetada (58).
Eulate Sanjurjo incorpora un argumento que se desarrolla
principalmente dentro del espacio femenino, la casa, en la cual se
destacan las descripciones del dormitorio de Rosario además de los
lugares que permiten una mejor definición de sus quehaceres diarios;
por ejemplo: “[e]n la sala, elegantemente puesta con sillería y
cortinajes de damasco encarnado, veíanse multitud de objetos de arte y
fantasía” (41). La revelación, rica en descripciones realistas, del
espacio privado de Rosario apunta su carácter esmerado por la atención
al detalle. La exactitud con la cual la escritora expone al narratario
la sala alude al perfil de la protagonista vinculado con el
materialismo. Como consecuencia del énfasis sobre el objeto, se pierde
el elemento de contacto humano y aparece la naturaleza deshumanizada
de Rosario. La comparación de Rosario con España como madre patria
admite la posibilidad de que no haya límites al deseo de aumentar las
adquisiciones materiales a costa del bienestar de su esposo,
representación mimética de la colonia.
De esta
manera, Rosario representa la figura que vive “en relación al amor,
como víctimas y victimarias del juego amoroso en un espacio doméstico”
(Morales Zeno 64). Se encuentra la unicidad de Rosario al descubrir
su ruptura con los papeles tradicionales de la mujer doméstica hasta
lograr la subversión del dominio masculino acostumbrado. Como
contraste con el poder de Rosario dentro de su casa se nota su voz
(femenina) suprimida en el esquema socio-político y económico de la
vida pública. La caracterización muestra la dicotomía entre Rosario
como símbolo del estereotipo de la mujer de fin de siglo y como mujer
moderna que, aunque manipuladora, ejerce en la casa el poder que le
falta en el ámbito político. La visión crítica de Eulate Sanjurjo
subraya la paradoja que se relaciona con la presentación de su
protagonista en la esfera doméstica como mujer independiente y de su
papel secundario dentro de la jerarquía de la exterioridad sugerida
por la sociedad. Su poder no se extiende más allá de las paredes de su
casa.
El pretexto
doméstico facilita la conservación de la identidad femenina alterna
que sólo llega a definirse a través de la identidad materialista.
Entonces, como resultado aparece Rosario como una cáscara hueca,
definida en exclusiva por su forma superficial. De acuerdo con el
mensaje satírico desde la perspectiva de la autora, la sociedad de
Rosario carece de sustancia, y las implicaciones tal y como se
relacionan con su tierra natal señalan la gravedad de la situación
política como mimesis de las consecuencias del estatus colonial de
Puerto Rico. El conflicto ideológico entre los distintos partidos
políticos, asociado con la relación entre colonizador y colonia, se
tipifica mediante los conflictos de Rosario. Al dirigir la atención a
la apariencia física, se descuida de lo esencial de su existencia;
sobresale la incapacidad de demostrar compasión sincera por el
bienestar de su esposo, sus padres y sus amigos. Por eso, la mayor
preocupación de Rosario en el círculo social es cómo lograr que los
demás la envidien. Representa un ser indiferente ante las
circunstancias que le rodean y ante los sentimientos de su esposo. En
una escena que marca un momento decisivo en la relación matrimonial,
al saber que su esposo se enferma, Rosario lo cuida hasta que se
mejora, acompañándolo a pasear y mostrándole mucho más cariño de lo
acostumbrado: “Julián había quedado sorprendido de aquella prueba
espontánea de cariño que le dio su mujer” (68). Sin embargo, más
adelante Lasaleta reconoce los motivos de Rosario, investida en que él
se mejore justo a tiempo para asistir a una fiesta en casa del
Gobernador, y en una de pocas instancias, él la interpela: “[d]e modo
que todo era un cálculo miserable y me engañabas con falsa ternura”
(74). Queda claro que la protagonista se muestra indiferente ante los
sucesos políticos, los cuales impactan a su esposo como miembro del
partido liberal y que opta por concentrarse en la oportunidad que las
funciones políticas proveen para lucirse ante los amigos. Por
consiguiente, Rosario, como representación de la ignorancia
intelectual de la sociedad, perpetúa la desesperación ante la falta de
una solución definitiva al conflicto político.
En cuanto a
resolver los conflictos internos de la vida de la muñeca, la manera de
recuperarse tras la pérdida de su esposo y el rechazo implícito de su
papel en el suicidio de Lasaleta – aunque se niega o se rehúsa a
reconocerlo – se encuentra en rehacer “su vida en un nuevo escenario,
Madrid.[5]
Se libera de la provincia y de las ataduras matrimoniales y si bien el
matrimonio daba estatus social a la mujer, la nueva posición de
‘viuda’ también ofrece ventajas” (Morales Zeno 144). De suma
importancia, entonces, es la referencia de la independencia femenina
asociada con la clasificación de viuda. Por extensión, la sugerencia
hacia la ruptura de Puerto Rico con España resultaría en la
independencia o autonomía, que al igual que beneficia los intereses de
Rosario, beneficia la atmósfera política en Puerto Rico. Al igual que
Julián siente la necesidad de romper definitivamente su relación con
Rosario, la finalidad inferida en el marco colonial se convierte en
una referencia a la única solución de la isla: la separación de la
madre patria.
Además de
evitar las confrontaciones, la dificultad de Lasaleta de expresar sus
preocupaciones financieras define su posición de esposo obediente. El
alejamiento del esposo relacionado con su existencia conyugal con
Rosario, en combinación con las demás características que muestran el
carácter frágil y débil de Lasaleta, subraya su posición desesperada
ante la acumulación de deudas y subvierte su poder masculino. Queda
fortalecida la imagen de la mujer-muñeca mientras surge la dicotomía
de la representación de Rosario. Por un lado, la sociedad tolera la
existencia de una figura que manipula las circunstancias de acuerdo
con sus necesidades, símbolo de la relación entre la madre patria y la
colonia. Por otro lado, los actos desconsiderados se llevan a cabo sin
consecuencias, lo cual permite el continuo estado de ignorancia sin la
posibilidad de redimirse.
Lo que
aparenta aproximarse a la crítica de la mujer frívola en realidad se
convierte en la crítica de la sociedad, controlada por los individuos
paralelos con Rosario, y de las intenciones mal dirigidas a los seres
que pretenden alcanzar mayor prestigio por el egoísmo propio. El
ataque contra aquel sector de la población incapaz de trascender las
debilidades, basadas en el rechazo del pensamiento crítico, señala la
futilidad con la cual ellos proceden. El desarrollo del argumento
ubicado dentro de los últimos años del colonialismo afirma la búsqueda
de una identidad para Puerto Rico. La crítica social, por
consiguiente, sirve de inspiración que despierta el interés en ámbito
político e invita a analizar las motivaciones y múltiples puntos de
vista que determinaban los sucesos socio-políticos y económicos de la
época, cuya extensión alcanza el mundo literario a través de La
muñeca.
Obras citadas
Ángel M. Introducción.
La muñeca. Ed. Ángel M. Aguirre. Carmela Eulate Sanjurjo. San
Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1987.
d, Gastón. La poética
del espacio. Trad. Ernestina de Champourcín. México: Fondo de
Cultura Económica, 1975.
anjurjo, Carmela. La
muñeca. Ed. Ángel M. Aguirre. San Juan: Instituto de Cultura
Puertorriqueña, 1987.
Catherine. Spanish
Women's Writing 1849-1996. London; Atlantic Highlands, NJ: Athlone
P, 1998.
veria, Elena. “Ironía,
parodia e inversión en La muñeca, de Carmela Eulate Sanjurjo”.
Crítica hispánica 26 (2004): 75-93.
Luis A. “La estética
del “Ave rara” en La muñeca de Carmela Eulate Sanjurjo”.
La voz de la mujer en la literatura
hispanoamericana fin-de-siglo. Ed. Luis A. Jiménez.
San José, Costa Rica: U de Costa Rica, 1999. 181-91.
Zeno, Ana. “Juego de
muñecas: las novelas de Carmela Eulate Sanjurjo”. Dactylus 12
(1993): 60-70.
i, Blanca G. y María
Dolores Luque de Sánchez. Historia de
Puerto Rico, Trayectoria de un pueblo.
San Juan: Cultural Panamericana, 1988.
o, Domingo Faustino.
Facundo o Civilización y Barbarie. Caracas: Ayacucho, 1985
ndía, Manuel. Prólogo.
La muñeca. Ed. Ángel M. Aguirre. San Juan: Instituto de Cultura
Puertorriqueña, 1987.
La ruptura con la tradición romántica es evidente desde el principio
de la novela que, en vez de culminar con el matrimonio, éste abre el
argumento. La novela tiene lugar en España, en una provincia que no se
nombra, y los personajes principales se identifican como españoles, lo
cual señala el distanciamiento del tema político al situarlo fuera de
Puerto Rico.
La tesis de Jiménez elabora que la figura de Rosario rompe con estos
moldes (181).
Tras la formación del
Partido Liberal Reformista (1869), del Partido Asimilista (1881), del
Partido Autonomista (1887), y del Partido Liberal Fusionista (1896)
se ve en Puerto Rico el debate político que reta el poder de la
colonia ante el poder, o la falta de poder, de la isla, enfrentándose
así los grupos mayormente liberales o conservadores. En el sector
económico se formó en 1887 “La Boicotizadora.” Este grupo de criollos
que apoya la autonomía propone resolver la crisis económica de Puerto
Rico a través de la compra exclusiva de productos en las empresas
cuyos dueños pertenecen a la sociedad o son puertorriqueños con la
intención de mitigar el poder económico de España en la isla. Durante
la época conocida como “El Año Terrible del 87” los miembros de la
sociedad sufren torturas y tormentos por parte de los adversarios por
su interferencia con el comercio en la isla, lo cual resulta en una
campaña sistemática de represión incitada por los conservadores, bajo
el gobierno de Romualdo Palacios. Una vez descubiertas y traídas a la
luz las incidencias de tortura, los autonomistas logran expulsar al
gobernador y empiezan la reorganización del partido (Silvestrini 368).
En el capítulo IV de La poética del espacio, Gastón Bachelard
dilucida el concepto del nido como tropo literario; como tal,
representa, además de vivienda, un lugar de refugio y de protección.
El despacho de Lasaleta es el único lugar en la casa donde él ejerce
su voluntad, convertidas aquí sus pertenencias en sus objetos de
valor, en un plano paralelo con el resto de la casa y los objetos
materiales de Rosario.
El rechazo de su vida en la provincia y la instalación
en la capital para resolver su situación evoca el concepto del
conflicto entre el campo y la ciudad de Domingo Faustino Sarmiento en
Facundo o Civilización y Barbarie (1845).
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